Reproduzco la entrevista que me hicieron hace algunos dias aqui en la Habana con el permiso del medio de prensa:
El
arte de narrar La Habana: «Al final del día, el viajero no recuerda las fechas,
sino las emociones»
Hacer
turismo hoy en día parece una carrera contra el tiempo y a favor de la
fotografía perfecta para redes sociales. En medio de un mar de agencias de
viajes masivas, autobuses con aire acondicionado y guías que recitan datos de
memoria como si fueran grabadoras, encontrar una experiencia auténtica es casi
una anomalía.
Nos
sentamos a conversar con Humberto, un guía profesional e independiente
que camina La Habana «a pulmón». En un entorno donde competir contra los
gigantes del turismo es una batalla diaria, él ha logrado algo que el dinero de
las grandes agencias no puede comprar: que sus clientes terminen el día
emocionalmente agotados, en el mejor de los sentidos.
Periodista: Humberto, hablemos claro. En
verano, caminar bajo el sol de La Habana es un reto físico tremendo. Mantener
una tarifa fija de 25 euros o dólares por persona cuando a veces el mercado
empuja a regatear no debe ser fácil. ¿Por qué mantenerse firme en ese valor?
Humberto: Porque es un esfuerzo real. El
clima en el verano caribeño es muy agresivo, exige mucho de ti física y
mentalmente. Pero, más allá del clima, lo que yo ofrezco no es un paseo de
rutina; es un servicio totalmente personalizado y profesional. Le doy mucho
valor a mi trabajo, mi experiencia y el nivel de entrega que pongo en cada hora
de recorrido. Cuando un servicio es de calidad, tiene un respaldo intelectual y
garantiza una experiencia real, 25 euros no es un precio excesivo. Es valorar
el esfuerzo que implica estar ahí dándolo todo con pulcritud y respeto hacia el
visitante.
Periodista: Es una postura firme, sobre todo
porque en Cuba las reglas del juego son distintas. No compites en un «mercado
normal». ¿Cómo se vive esa competencia en el día a día?
Humberto: Es que conceptos como
«posicionarse en el mercado» aquí son muy relativos. No todos partimos de la
misma línea. Hay quienes tienen recursos, contactos directos con agencias
extranjeras o ayuda desde fuera que les hace el camino más llano. Lo mío es a
pulmón. Yo tengo que disputarme los clientes, convencerlos frente a la oferta
de las grandes agencias de viaje, los hoteles o el propio gobierno. Por eso,
cada cliente que decide hacer el recorrido conmigo no es un número más; es una
gran victoria personal.
El
valor de la experiencia y la pedagogía
Periodista: Usted no encaja en el estereotipo
del animador turístico joven que repite un guion memorizado. ¿Cómo influye la
madurez en la forma en que los viajeros lo perciben?
Humberto: Influye totalmente. Después de
cierta edad, los años dejan de ser un simple dato cronológico y se convierten
en autoridad natural, en un capital intelectual. El viajero internacional lo
nota de inmediato; se da cuenta de que no está ante alguien que improvisa, sino
ante un cronista de la ciudad, un intelectual que comprende la historia
profunda, la arquitectura y los matices culturales desde la experiencia y el
estudio constante. Eso proyecta una credibilidad que no se puede fingir.
Periodista: Además de su bagaje histórico,
usted tiene una larga experiencia enseñando inglés a nivel universitario. ¿Cómo
se traslada el aula de la universidad a las calles de La Habana?
Humberto: La pedagogía y el dominio
lingüístico son herramientas críticas en este trabajo. Por un lado, me da una
competencia comunicativa en inglés, con el registro adecuado para conectar con
públicos de cualquier nivel cultural. Por el otro, aplico la didáctica: un buen
profesor sabe cómo dosificar la información, mantener la atención, leer el
lenguaje corporal de su "audiencia" y, sobre todo, transformar un
montón de datos históricos fríos en una narrativa atractiva, en una historia
viva. Las calles de La Habana se convierten, literalmente, en un aula abierta.
Más
allá de las fechas: la conexión emocional
Periodista: Muchos guías inundan al visitante
con años, nombres de generales y batallas. Usted, en cambio, propone huir de
las cifras. ¿Por qué?
Humberto: Hace un tiempo leí una frase que
se convirtió en mi filosofía de trabajo: cuando el cliente regresa a su
país, lo que recuerda son las emociones. No recuerda con exactitud los
rostros, ni siquiera los hoteles, porque los hoteles del mundo cada vez se
parecen más entre sí. Si tú inundas a una persona con fechas y cifras que no le
dicen nada, a las dos horas se le habrá olvidado todo. Lo que se queda grabado
en el pecho son las experiencias vividas, el punto de vista de unos y de otros,
las contradicciones de la historia. Por eso mis recorridos son personalizados:
manejo la historia y la cuestión social desde la empatía, no desde un guion
congelado.
Periodista: Dice usted que deja a sus
clientes «agotados emocionalmente». Suena intenso. ¿Cómo se logra eso?
Humberto: (Sonríe) No es una
cuestión de ego, es la realidad de lo que pasa en la calle. Todos, sin
excepción, conectan. El agotamiento viene de la intensidad con la que viven la
ciudad a través de mis ojos. Yo no les vendo una postal perfecta ni un discurso
ensayado; les muestro la humanidad de este lugar, con sus luces y sus sombras.
Periodista: Imagino que esa conexión cambia
según la mochila cultural que traiga cada viajero...
Humberto: Totalmente. El impacto es
diferente en cada persona. Por ejemplo, un estadounidense de repente descubre
caminando conmigo que en Cuba no se odia a su país (aun teniendo todas las razones
para hacerlo), que la gente los trata bien en un mundo que a veces les resulta
hostil. Un español encuentra sus raíces extendidas aquí, entendiendo lo que
España representó para bien y para mal en nuestra historia. O un
latinoamericano que llega buscando conectar con una corriente ideológica. Mi
trabajo es activar esa sensibilidad.
Puentes
entre realidades distintas
Periodista: ¿Y qué pasa cuando el código
cultural es completamente distinto? Pienso en los retos que ha tenido con
viajeros de Oriente Medio o Asia.
Humberto: Esos son los verdaderos desafíos.
He tenido clientes de Arabia Saudita o Japón, muchos de ellos profesionales que
vienen a congresos médicos o eventos específicos. Vienen de un mundo
hiperglobalizado y no entienden nuestras dinámicas actuales, nuestras batallas
cotidianas. Con ellos no puedes forzar una interpretación ni pretender que
asimilen la realidad desde una cultura que no es la suya.
Periodista: ¿Cómo se tiende un puente con
alguien que viene de una realidad tan lejana?
Humberto: No hay una fórmula mágica. Las
cosas simplemente pasan en la calle, la vida sucede ante sus ojos y tú actúas.
El secreto no es convencerlos, sino mostrarles el contraste puro y duro.
Explicarles el porqué de las cosas, el origen de lo que están viendo, aunque al
final les cueste entenderlo del todo. La interpretación final tiene que ser de
ellos, libre y respetuosa.
Periodista: Para terminar, Humberto, después
de tantos años y tantas caminatas bajo el sol, ¿hay alguna parte del recorrido
que prefiera o que se haya vuelto su favorita?
Humberto: No, para nada. Disfruto el
recorrido completo, de principio a fin. Cada esquina de La Habana tiene algo
que contar y cada cliente es una oportunidad de contar la historia de una
manera nueva. Todos los aspectos de mi trabajo me gustan por igual.
.jpeg)











