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viernes, 19 de junio de 2026

El arte de narrar La Habana: «Al final del día, el viajero no recuerda las fechas, sino las emociones»

 Reproduzco la entrevista que me hicieron hace algunos dias aqui en la Habana con el permiso del medio de prensa: 

El arte de narrar La Habana: «Al final del día, el viajero no recuerda las fechas, sino las emociones»



Hacer turismo hoy en día parece una carrera contra el tiempo y a favor de la fotografía perfecta para redes sociales. En medio de un mar de agencias de viajes masivas, autobuses con aire acondicionado y guías que recitan datos de memoria como si fueran grabadoras, encontrar una experiencia auténtica es casi una anomalía.

Nos sentamos a conversar con Humberto, un guía profesional e independiente que camina La Habana «a pulmón». En un entorno donde competir contra los gigantes del turismo es una batalla diaria, él ha logrado algo que el dinero de las grandes agencias no puede comprar: que sus clientes terminen el día emocionalmente agotados, en el mejor de los sentidos.

Periodista: Humberto, hablemos claro. En verano, caminar bajo el sol de La Habana es un reto físico tremendo. Mantener una tarifa fija de 25 euros o dólares por persona cuando a veces el mercado empuja a regatear no debe ser fácil. ¿Por qué mantenerse firme en ese valor?

Humberto: Porque es un esfuerzo real. El clima en el verano caribeño es muy agresivo, exige mucho de ti física y mentalmente. Pero, más allá del clima, lo que yo ofrezco no es un paseo de rutina; es un servicio totalmente personalizado y profesional. Le doy mucho valor a mi trabajo, mi experiencia y el nivel de entrega que pongo en cada hora de recorrido. Cuando un servicio es de calidad, tiene un respaldo intelectual y garantiza una experiencia real, 25 euros no es un precio excesivo. Es valorar el esfuerzo que implica estar ahí dándolo todo con pulcritud y respeto hacia el visitante.

Periodista: Es una postura firme, sobre todo porque en Cuba las reglas del juego son distintas. No compites en un «mercado normal». ¿Cómo se vive esa competencia en el día a día?

Humberto: Es que conceptos como «posicionarse en el mercado» aquí son muy relativos. No todos partimos de la misma línea. Hay quienes tienen recursos, contactos directos con agencias extranjeras o ayuda desde fuera que les hace el camino más llano. Lo mío es a pulmón. Yo tengo que disputarme los clientes, convencerlos frente a la oferta de las grandes agencias de viaje, los hoteles o el propio gobierno. Por eso, cada cliente que decide hacer el recorrido conmigo no es un número más; es una gran victoria personal.

El valor de la experiencia y la pedagogía

Periodista: Usted no encaja en el estereotipo del animador turístico joven que repite un guion memorizado. ¿Cómo influye la madurez en la forma en que los viajeros lo perciben?

Humberto: Influye totalmente. Después de cierta edad, los años dejan de ser un simple dato cronológico y se convierten en autoridad natural, en un capital intelectual. El viajero internacional lo nota de inmediato; se da cuenta de que no está ante alguien que improvisa, sino ante un cronista de la ciudad, un intelectual que comprende la historia profunda, la arquitectura y los matices culturales desde la experiencia y el estudio constante. Eso proyecta una credibilidad que no se puede fingir.

Periodista: Además de su bagaje histórico, usted tiene una larga experiencia enseñando inglés a nivel universitario. ¿Cómo se traslada el aula de la universidad a las calles de La Habana?

Humberto: La pedagogía y el dominio lingüístico son herramientas críticas en este trabajo. Por un lado, me da una competencia comunicativa en inglés, con el registro adecuado para conectar con públicos de cualquier nivel cultural. Por el otro, aplico la didáctica: un buen profesor sabe cómo dosificar la información, mantener la atención, leer el lenguaje corporal de su "audiencia" y, sobre todo, transformar un montón de datos históricos fríos en una narrativa atractiva, en una historia viva. Las calles de La Habana se convierten, literalmente, en un aula abierta.

Más allá de las fechas: la conexión emocional

Periodista: Muchos guías inundan al visitante con años, nombres de generales y batallas. Usted, en cambio, propone huir de las cifras. ¿Por qué?

Humberto: Hace un tiempo leí una frase que se convirtió en mi filosofía de trabajo: cuando el cliente regresa a su país, lo que recuerda son las emociones. No recuerda con exactitud los rostros, ni siquiera los hoteles, porque los hoteles del mundo cada vez se parecen más entre sí. Si tú inundas a una persona con fechas y cifras que no le dicen nada, a las dos horas se le habrá olvidado todo. Lo que se queda grabado en el pecho son las experiencias vividas, el punto de vista de unos y de otros, las contradicciones de la historia. Por eso mis recorridos son personalizados: manejo la historia y la cuestión social desde la empatía, no desde un guion congelado.

Periodista: Dice usted que deja a sus clientes «agotados emocionalmente». Suena intenso. ¿Cómo se logra eso?

Humberto: (Sonríe) No es una cuestión de ego, es la realidad de lo que pasa en la calle. Todos, sin excepción, conectan. El agotamiento viene de la intensidad con la que viven la ciudad a través de mis ojos. Yo no les vendo una postal perfecta ni un discurso ensayado; les muestro la humanidad de este lugar, con sus luces y sus sombras.

Periodista: Imagino que esa conexión cambia según la mochila cultural que traiga cada viajero...

Humberto: Totalmente. El impacto es diferente en cada persona. Por ejemplo, un estadounidense de repente descubre caminando conmigo que en Cuba no se odia a su país (aun teniendo todas las razones para hacerlo), que la gente los trata bien en un mundo que a veces les resulta hostil. Un español encuentra sus raíces extendidas aquí, entendiendo lo que España representó para bien y para mal en nuestra historia. O un latinoamericano que llega buscando conectar con una corriente ideológica. Mi trabajo es activar esa sensibilidad.

Puentes entre realidades distintas

Periodista: ¿Y qué pasa cuando el código cultural es completamente distinto? Pienso en los retos que ha tenido con viajeros de Oriente Medio o Asia.

Humberto: Esos son los verdaderos desafíos. He tenido clientes de Arabia Saudita o Japón, muchos de ellos profesionales que vienen a congresos médicos o eventos específicos. Vienen de un mundo hiperglobalizado y no entienden nuestras dinámicas actuales, nuestras batallas cotidianas. Con ellos no puedes forzar una interpretación ni pretender que asimilen la realidad desde una cultura que no es la suya.

Periodista: ¿Cómo se tiende un puente con alguien que viene de una realidad tan lejana?

Humberto: No hay una fórmula mágica. Las cosas simplemente pasan en la calle, la vida sucede ante sus ojos y tú actúas. El secreto no es convencerlos, sino mostrarles el contraste puro y duro. Explicarles el porqué de las cosas, el origen de lo que están viendo, aunque al final les cueste entenderlo del todo. La interpretación final tiene que ser de ellos, libre y respetuosa.

Periodista: Para terminar, Humberto, después de tantos años y tantas caminatas bajo el sol, ¿hay alguna parte del recorrido que prefiera o que se haya vuelto su favorita?

Humberto: No, para nada. Disfruto el recorrido completo, de principio a fin. Cada esquina de La Habana tiene algo que contar y cada cliente es una oportunidad de contar la historia de una manera nueva. Todos los aspectos de mi trabajo me gustan por igual.

Humberto. Tours en la Habana. Historia, Arte, Sociedad. WhatsApp+5352646921  

Instagram: humberto_habana